
Por Alex Rovira y Fernando Trias de Bes
Para cosechar los beneficios y las ganancias imprevistas de un negocio de éxito, los empresarios deben contar con una serie de actitudes que sólo encontrarán dentro de ellos mismos.
Una vez oímos a un profesor de matemáticas afirmar: “Los parámetros de la suerte nos son siempre desconocidos”. En otras palabras, la suerte no puede ser explicada por cualquier factor específico, es una cuestión de casualidad. Pensamos que la afirmación tiene mucho sentido, pero estábamos intrigados por la noción, que lo que llamamos “suerte” podía ser explicado por una serie de variables o elementos que todavía no habían sido estudiados. Así que decidimos llevar a cabo nuestra propia investigación
Lo que hicimos fue relativamente sencillo: Hablamos a fondo con personas que pensaban que sus vidas habían sido bendecidas por la buena fortuna, siendo nuestro objetivo intentar imaginarnos que factores tenían en común. Después de cuatro años de entrevistas e investigaciones, pudimos identificar claramente una serie de rasgos compartidos, unos que en breve examinaremos en más profundidad.
A QUIEN FAVORECE LA FORTUNA. Pero primero, una palabra adicional de explicación, cuando establecimos nuestro proyecto, decidimos estudiar las biografías de personalidades “prósperas” (próspero entendido en un amplio sentido). Estudiamos no sólo individuos que disfrutaban de buenos matrimonios o de riqueza financiera, sino también aquellos que habían hecho contribuciones valiosas a la sociedad y que veían sus propias vidas como llenas de creatividad, con objetivos cumplidos y significado. Al tomar este enfoque, incluimos artistas, científicos y atletas para nuestra muestra.
Lo que nuestra investigación reveló puede ser resumido en una única frase: Nos buscamos nuestra propia buena suerte.
Lo que estos creadores de buena suerte tienen en común puede ser resumido en los siguientes cinco puntos principales:
Responsabilidad
Si hay un factor común que es evidente entre todos los creadores de buena suerte, es que ellos mismos saben ser responsables de sus propias acciones. En otras palabras, cuando las cosas van más o el resultado de cualquier situación dada es otro al pretendido, nunca ponen el dedo acusador en factores externos u otros individuos. En su lugar, se miran a sí mismos y se preguntan: “¿Qué he hecho para que ocurra esto?”.
Libres de cualquier tipo de “victimismo”, cuando chocan con dificultades personales o profesionales, se preguntan a ellos mismos como y hasta que punto son responsables de la situación en la que se encuentran. Después actúan consecuentemente para resolver cualquier circunstancia adversa con la que se hayan encontrado. Aquí es donde viene el segundo principio.
Aprender de los errores
Los creadores de buena suerte no ven un error como un fallo. En vez de esto, un error es una oportunidad para aprender. Thomas Edison es el clásico ejemplo. La historia nos cuenta que el inventor hizo más de 1.000 intentos antes de inventar la primera bombilla eléctrica de larga duración. Hasta entonces, todas las pruebas y experimentos llevaron a duraciones de no más de unos minutos, antes de que el aire se filtrara en la bombilla de cristal, proporcionando el oxígeno que origina la combustión de varios filamentos.
La historia continua con lo que uno de los colegas le preguntó: “Sr. Edison, ¿no se siente un fracaso?”. Desprovisto de cualquier sentido de vanidad, el gran hombre respondió: “No, en absoluto”. Ahora, definitivamente se más de mil maneras de cómo NO hacer una bombilla”.
En efecto, justo unos pocos días después, el hombre cuyas idea brillantes reharían el mundo, finalmente puso su inspiración en un concepto práctico. A propósito, la primera bombilla fue inventada por Sir Joseph Wilson Swan, que demostró el concepto teórico pero que renunció a intentar desarrollar la aplicación práctica después de sólo tres intentos. Por el contrario, Edison se buscó su propia buena suerte y diseñó una bombilla que funcionaba. Esto nos lleva a nuestro tercer principio.
Perseverancia
Los creadores de buena suerte no se rinden. No abandonan. No “lo dejan para otro día”. La fórmula es bastante simple: Cuando surge un problema o una situación que requiere atención, actúan inmediatamente. Y lo que hacer es una de las tres cosas siguientes: o lo resuelven sin dilación, o lo delegan, o lo olvidan.
En otras palabras, no llevan una lista de “cosas que hacer” en su cerebro. En su lugar, resuelven los problemas y las situaciones lo más rápidamente posible. Esto permite que su energía esté completamente centrada en su trabajo y que evite distracciones conscientes o inconscientes, que sólo generan ineficiencia.
Confianza
Este es uno de los principios más olvidados, aunque uno de los que tienen más fuerza. La confianza se divide en dos partes: confianza en uno mismo y confianza en los demás.
La confianza en uno mismo es fundamental, y aquellos que crean su propia buena suerte son notables por su alto grado de autoafirmación y autoestima. Estas cualidades les permiten continuar con su propósito, perseverar, y trabajar para crear las condiciones que en última instancia hacen mucho para conseguir estos objetivos. También, son grandes visualizadores. Utilizan su imaginación – específicamente sus técnicas de visualización – para formara imágenes mentales de sus objetivos. Sin la confianza para luchar por esta visión, la visualización no tendría sentido.
Además, e íntimamente ligado a la autoafirmación y a la autoestima, las personas que estudiamos mostraban tanto confianza como respeto por otros, viendo a las personas que conocen, a las personas con las que trabajan, y a aquellos que les rodean como fuentes fundamentales de oportunidad. Esto no significa que uno tenga que ser ingenuo y confiar en cualquiera y en todo el mundo que haga una propuesta. En vez de esto, hay que considerar el rasgo de ver a otros como fuente de oportunidades para lograrlo.
Sin confianza no hay modo de ponerse uno mismo en situación. Si no hay intimidad – si está descartado por paranoia o por sospecha galopante, por ejemplo – no puede haber apertura hacia otros. De ahí que no pueda haber espacio para el diálogo o para un intercambio de opiniones auténtico y sincero. Sin esto, cualquier iniciativa avanza más lentamente hasta que, por último, se debilita y muere. La confianza es una variable fundamental, y esto nos lleva al último principio.
Cooperación
El término “sinergia” lo oíamos con frecuencia cuando entrevistamos a aquellos que crean su buena suerte. Confiar en otros lleva a consolidar el contacto con los compañeros de trabajo y amigos, lo que sustancialmente hace entrar en juego más fuentes para realizar los proyectos, de las que habría si lo hiciera una persona sola. La lógica está basada más en la cooperación que en la competitividad. Estas personas son conscientes del hecho de que, al nivel más básico, cualquier proyecto o empresa tiene lugar en el contexto de un grupo más amplio, y que todas las partes tienen que tener una perspectiva realista de emerger como ganadores si todos los implicados están dispuestos a dar lo mejor de sí mismos.
Como hemos visto, el que uno pueda o no crear buena suerte depende básicamente de una actitud hacia uno mismo, hacia otros, y hacia la vida. Esto también está unido a la percepción de que el individuo es mucho más una causa que un efecto. Y por encima de todo, el darse cuenta de que uno debe hacerse el creador de las condiciones que fomentan el éxito y el logro de un objetivo visualizado específico.
¿BUENA O MALA SUERTE? Piensa en buena suerte – del tipo que hace ganar loterías – como el resultado final de un juego de azar o de una posibilidad: Puede ser favorable o no, pero cualquiera que sea la forma que tome, su presencia siempre será ocasional, breve y pasajera. Hemos descubierto que de personas que han ganado grandes premios en las apuestas, muchas de ellas perdieron todo lo que ganaron, típicamente dentro de los cuatro a siete años de conseguir el premio gordo. Además, las relaciones personales con la familia, amigos y compañeros, con frecuencia estaban afectadas seriamente debido a problemas derivados de avaricia, envidia y codicia.
Por otro lado, ya que aquellos que crean su propia buena suerte deben su éxito sólo a ellos mismos y a sus propias iniciativas, no únicamente al azar de tirar los dados, son plenamente conscientes del origen de su buena fortuna. Además, habiéndolo visto funcionar antes, saben y comprenden el proceso que lo produce, y saben que los mismos principios pueden ser puestos a funcionar una y otra vez.
El problema es que a menudo parecen olvidarse los principios basados en el sentido común, que básicamente dice que debemos trabajar, ser conscientes de nuestras acciones, y tener responsabilidad para corregirlas cuando surja la necesidad. La persona que capte esa sabiduría es realmente afortunada.
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Alex Rovira y Fernando Trias de Bes son profesores de la Escuela de Negocios ESADE.
Fuente: BusinessWeek
Traducción: todomba.com