
Por que Hollywood odia el mundo de los negocios.
Neil LaBute solía estudiarlos cuando iba en el tren de la mañana hacia Nueva York. Los hombres de las corporaciones. Los amos del universo. Los hombres con trajes de franela gris. "Todos ellos parecían exactamente iguales, con los mismos zapatos brillantes y las mismas camisas blancas almidonadas," dice. El único brote de individualismo era el fugitivo ocasional en la selección de la corbata. "Algún tipo podía llevar una corbata de Looney Tunes, o a veces podías ver una corbata de baloncesto". "Y ya sabías que esos no eran los tipos que iban a conseguir los ascensos importantes."
LaBute viajava cada día a la escuela de cine de NYU por esa época, y no tardó mucho en que sus guiones reflejaran lo que se esconde debajo de la sonrisa de la América de las corporaciones. Su primera película, “In the Company of Men”, cuenta la historia de dos ejecutivos de nivel medio que hacen una apuesta sobre quien puede seducir a una empleada de oficina sorda, por el placer de luego abandonarla. Es una película despiadada que utiliza la oficina como un entorno de humillación y desesperación.
"El mundo de los negocios ofrece un telón de fondo malintencionado y perfecto," dice LaBute, repitiendo un sentimiento expresado en cientos de películas, con “Ciudadano Kane” a la cabeza. "Puede ser una voz tanto anónima como misteriosa al otro lado del teléfono. Es un lugar donde el individuo se lo da todo a si mismo. Es un lugar donde te conviertes en parte de la máquina por el bien de la compañía." Ten compasión del pobre zángano corporativo que aterriza en el territorio del guión cinematográfico. Si no se gana al antipatía de todo el mundo alrededor de él como hacen los cerdos sexistas de la película de LaBute, resulta ser la reencarnación de Satán como Gordon Gekko en “Wall Street”. Si no reparte sufrimiento como el monstruoso jefe de inmobiliaria que interpretaba Alec Baldwin en “Glengarry Glen Ross”, está haciendo todo lo posible para evitar el dolor, como el reacio denunciante dentro de su propia empresa de tabaco, que interpreta Russell Crowe en “The Insider”. En las películas, los negocios te hacen ser gordo y demacrado, como le ocurre a Tom Hanks al comienzo de “Naufrago” (Cast Away). O te vuelve chiflado, como los chicos de los despachos minúsculos de “Trabajo Basura” (Office Space) ("Que pasaría si estuviéramos haciendo esto con 50 años," se queja uno de ellos). Y si la “corporación maléfica” te embarca al espacio exterior (“Alien”) o crea un virus grave sólo para vender la cura (“Mission: Impossible 2”), o te proporcionará el cáncer (“Erin Brockovich”).
"Hubo un tiempo en que podíamos culpar a los comunistas o a los alemanes o a los árabes pero ahora, al menos en las últimas películas, le echamos la culpa a la América corporativa" dice el ensayista Philip Lopate, que ha escrito acerca del ethos antinegocios de Hollywood. "La corporación es un objetivo fácil ya que no tiene un rostro humano. No hay sitio para el "hombre común" que tanto aman los guionistas." No es nada nuevo, verdaderamente. Desde “Tiempos Modernos”, cuando Charlie Chaplin usó las ovejas como una metáfora para el trabajador americano en la era industrial, Hollywood ha hecho un trabajo una calumnia al trabajar para El Hombre. Hay excepciones, por supuesto, “Tucker: un hombre y su sueño”, “Armas de mujer”, y caramba, “Willy Wonka y la fábrica de chocolate” (en la nueva versión encarnado por Johnny Depp). Pero a pesar del hecho de que la mayoría de las personas se dedican a los negocios y dependen de ellos para su sustento, es asombroso como se vuelve de intratable Hollywood caa vez que aparecen personas con traje alrededor de una mesa de conferencias.
Y mientras no es sorprendente que los negocios son un buen lugar para situar a los villanos, lo que es extraño en una cultura que celebra el éxito en los negocios, es como raramente las películas hacen parecer al mundo de los negocios como algo noble, interesante, sexy o incluso divertido. Incluso en comedias como “13 Going on 30”, en la que una adolescente se despierta dándose cuenta de que es un adulto en el mundo de las revistas, el lugar de trabajo se usa para mostrar como pueden volverse de serios e irritados. ¿Así que cual es el trato? Hay multitud de valientes doctores en las películas y rectos abogados en la gran pantalla. ¿Dónde están los inspirados empresarios? ¿Los superheroicos directores de oficina? ¿Y no sería una película acerca Ray Kroc, Henry Ford, Walt Disney, o incluso Meg Whitman mucho más interesante que una acerca de Garfield el Gato? No si preguntas a las personas que hacen las películas. Muy pocos miembros de la comunidad creativa perciben el mundo de los negocios como un lugar que inspire historias. "¿Por qué no ve Hollywood los negocios como algo "divertido?" "dice Jim Herzfeld, que escribió “Los padres de ella”. "Porque para nosotros, los creativos, no lo es. Desde nuestro punto de vista, dentro de la burbuja de glamour del show business, las personas son aburridas."
Esto es, a menos que esas personas de negocios estén haciendo algo despreciable. En ese caso, la película jugará directamente dentro de las fantasías del estilo Michael Moore acerca de la mala América corporativa. Como explica Herzfeld, "La persona que va al cine por término medio puede que no sepa todos los detalles de Enron, Tyco, Adelphia, y Martha Stewart, pero conoce lo suficiente para saber que los grandes negocios se benefician de los tipos pequeños." Así que aunque no veamos a todos los deshonestos ejecutivos de la compañía química contra los que lucha Julia Roberts en “Erin Brockovich”, no lo necesitamos. La mera vista de chimeneas y membretes corporativos es suficiente para levantar una sospecha. Décadas antes, cuando el director Billy Wilder filmó las escenas del comienzo de “El apartamento” (1960), dijo que todo lo que necesitaba decir acerca del personaje de oficinista enajenado que encarnaba Jack Lemmon entre una multitud de esclavos del salario, era que trabajaba duro en una habitación donde las mesas se perdían en el horizonte. Y para “Ciudadano Kane” (1941), el gran jefe gordo de todas las películas de negocios, el director (y actor) Orson Welles hizo bajar las cámaras a agujeros en el suelo para hacer que la ambición de su héroe alcohólico, Charles Foster Kane, apareciera fuera de su propia humanidad.
Incluso en esas raras películas en donde los negocios parecen buenos, Hollywood no puede resistirse a un par de indirectas. En “Executive Suite” (1954), William Holden les cuenta a su junta directiva de la compañía de muebles, que está más interesado en calidad que en beneficios. Pero entonces, echando un vistazo a la junta, vemos que están los estereotípicos tacaños y aduladores. E incluso en “Armas de mujer” (1988), en donde la secretaria de Staten Island que interpreta Melanie Griffith asciende en la escalera corporativa al fingir que es su jefe, deja más evidente que una rígida estructura de clase y prejuicio de género, gobiernan el mundo corporativo. No hay nada malo en examinar los negocios. "El papel del arte, incluidas las películas, es criticar las estructuras de la sociedad que tienen poder sobre las personas, y pocas cosas tienen más poder que los intereses de la corporación," dice Joel Bakan, profesor de derecho de la University of British Columbia, cuyo libro, “The Corporation: The Pathological Pursuit of Profit and Power”, es la base para un nuevo documental. La provocadora tesis de Bakan es que las corporaciones y los psicópatas comparten muchas de las mismas tendencias: poner el dinero por delante de la salud y la seguridad, persecución despiadada de las ganancias personales, indiferencia por la comunidad y el medio ambiente, y así sucesivamente.
En otras palabras, las corporaciones malignas producen grandes villanos para las películas y proporcionan el tipo de intriga correcta para hacer que el argumento vaya sobre ruedas. "¿Qué clase de drama hay en una película acerca de una empresa en la que todo va bien, donde hay una honestidad e integridad total, inteligencia, justicia, equilibrio?" dice Richard Walter, copresidente del programa de guiones de UCLA. "Engaño, decepción, y autodestrucción, eso es lo que mantiene en movimiento a las películas."
Puede que sea verdad, pero el número total de tipos malos en los negocios sugiere algo más profundo que debe estar pasando en la psicología de Hollywood. Unido a ello, los negocios son casi una obsesión para la industria del entretenimiento. En los años 80, el Media Institute, una fundación de investigación ubicada en Washington, D.C., especializada en temas de comunicación, dirigió un estudio considerado como clásico de la representación del mundo de los negocios por Hollywood. Descubrieron que los hombres de negocios de TV son más de tres veces posibles criminales que los miembros de otras ocupaciones. La investigación de 620 programas de televisión entre 1955 y 1986 concluía con que a la edad de 18 años, la media que el televidente había visto a hombres de negocios cometer actos criminales era de 10.000 veces más, que la drogadicción, la prostitución o el asesinato.
Larry Ribstein, profesor de derecho de la Universidad de Illinois, cree que los cineastas no odian los negocios más que los capitalistas que financian sus proyectos. A principios de este año, Ribstein analizó el sentimiento en contra de los negocios en montones de películas en un artículo llamado "Film and Firms," que publicó en su propia página web, busmovie.typepad.com. Entre sus conclusiones estaban que los cineastas con frecuencia tienen un hacha que afilar. "Los guionistas y directores saben que no pueden conseguir que se realicen sus proyectos sin el dinero de otras personas, por lo que tienen un resentimiento acerca de eso. Como reacción, tratan de verter comentarios acerca de us desdén no tan secreto por lo que los negocios les hacen."
Neil LaBute cree que es más personal que eso. "Muchas personas del show business tienen inculcadas la ética de los negocios, la ética Mamet ethics, la ética que dice que "siempre está cerrándose, siempre tienes que hacer frente al juego de tu guerrero," " dice. "Es difícil cambiar y volverse de repente una persona equitativa y solidaria fuera de la oficina. Eso es más verdad en los guionistas, y la presión puede que les lleve a arremeter contra los negocios en las películas. En América, el "segundo lugar" está perdiendo, especialmente en la industria del entretenimiento, donde la competencia por el dinero es un factor muy importante."
En otras palabras, todos los codazos al estrellato corporativo en el mundo de los negocios, es tan común en Hollywood, que explica la tradición de películas (“Baby Boom”, “Lost in America”, “American Beauty”, “Jerry Maguire”, y las películas de estos últimos años “Jersey Girl” y “Raising Helen”, por decir una pequeña parte), en la que el protagonista que trabaja duro, da un mazazo al mundo corporativo por una existencia más sencilla o más significativa, con frecuencia centrada en la vida familiar. Como señala el crítico cinematográfico Richard Roeper, "estas películas estan hechas por persons que trabajan 70 horas a la semana y están fuera de casa durante largos periodos de tiempo."
Entonces de nuevo, puede que exista una explicación más sencilla para todos tiros en contra de los negocios. Quizás provenga del hecho de que trabajamos todo el día y miremos al entretenimiento como una evasión de la oficina. "El público no quiere ver oficinistas luchando en la sala de suministros," dice Claude Brodesser, que informa acerca de la industria cinematográfica en Variety. "Ellos quieren, "Lánzame el ídolo que yo te lanzaré el látigo." Y Hollywood está muy contento de castigarnos bien con el látigo." Y están especialmente contento de fustigar a nuestros jefes.
David Hochman
Fuente: Jungle
www.mbajungle.com
Traducción: todomba.com