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lunes, 23 de mayo de 2005
3 de Febrero de 2004
El Presidente George W. Bush es el primer Presidente en poseer un Título en Master in Business Administration. Incluso mejor (o peor, dependiendo de tu perspectiva), su MBA es de Harvard Business School, donde se inventó la formación en management de postgrado a principios del siglo pasado, y para muchos donde se mantiene lo bueno, malo y feo del management moderno. Los MBAs de Harvard lideran indiscutiblemente más corporaciones importantes, reciben salarios más altos nada más salir de la escuela, y transmiten más glamour que los graduados de cualquiera de las escuelas de negocios rivales; hechos que no llevan necesariamente a la admiración y al cariño.
La comparativamente poca atención prestada por la prensa política al MBA de Harvard del Presidente, refleja parcialmente una generalizada ignorancia y hostilidad hacia el título mismo. Y lo que es más importante, reconocer que aprendió algo valioso intelectualmente iba a contradecir la historia de que el joven W era aficionado a las fiestas, que progresaba sin esfuerzo a través de su educación de élite, sin apenas abrir un libro. En otras palabras, como la izquierda no se cansa nunca de afirmar, es demasiado “estúpido” para aprender algunos trucos a través de Charles River de Harvard Square.

Esto es obviamente incorrecto. Habiendo asistido a Harvard Business School a la vez que el Presidente, graduándome en el programa de dos años un año después de que él lo hiciera, y después trabajando en su facultad después de un intervalo de un año escribiendo un doctorado, estoy muy familiarizado con los rigores del programa y con el poco grado de enchufismo, incluso para los estudiantes con buenos contactos, cuando su actuación no daba la talla.

Simplemente es imposible que el hijo del entonces embajador de China (técnicamente, jefe de Beijing Liaison Office), o cualquier otro, pudiera haber pasado sin esfuerzo por Harvard Business School. Nunca he oído el caso de un estudiante incompetente al que se le permitiera graduarse, simplemente porque cierto familiar fuera importante. Por el contrario, he oído historias de estudiantes de buenas familias que tuvieron que abandonar antes de la graduación. Los niveles académicos eran algo de considerable importancia.

Una incapacidad para aprender y de dedicación a las lecciones de clase, y los voluminosos materiales de estudio de cada noche, de análisis de regresión a formulación estratégica a marketing a comportamiento humano en las organizaciones, simplemente no era tolerado. La evaluación tenía lugar en una curva estricta, y aquellos que se encontraban en el área más baja de la curva en demasiadas asignaturas alcanzaban el temido “screen” y tenían que dar razones convincentes al Academic Performance Committee de por que deberían permitirles asistir al segundo año de programa, y mucho menos graduarse. El screen era un componente vital de la calidad del programa de garantía de calidad de HBS, un método esencial para proteger el valor de “marca” del MBA de la escuela. Harvard Business School no graduaría voluntariamente a un MBA incompetente que pusiera en Coca Cola pusiera botellas que contuvieran ratones muertos.

Hay que aceptar la premisa de que George W. Bush verdaderamente aprendió las lecciones que le enseñaron en Harvard Business School, ya que hay un número de características de su administración que eran más que comprensibles. Estas son algunas de las maneras más importantes en las que su Harvard MBA explica el modo en que gobierna.


La primera lección que se les mete en la cabeza a los nuevos estudiantes, cuando entran en fila a las clases de Aldrich Hall, es que el management consiste en tomar decisiones bajo condiciones de incertidumbre. Nunca existe la información perfecta, y las decisiones se toman con frecuencia incluso cuando hubieras preferido saber mucho más. Dada esta realidad, se les enseña a los estudiantes muchas técnicas para analizar los datos disponibles, sacando facetas que no son obvias, aprendiendo a leer las consecuencias de que se dispone, a la vez que se cuantifican los riesgos de hacer eso, y aprender los costes y el valor de obtener datos adicionales.

El trabajo del ejecutivo es sopesar las probabilidades al evaluar la información imperfecta; para calcular los costes y los beneficios de actuar o no actuar; y construir escenarios alrededor de varios posibles espacios de tiempo para actuar, y tener en cuenta las posibles reacciones de los otros actores fundamentales. Que sus contrincantes políticos le critiquen por criticar acerca de sus datos imperfectos en el momento, no es ninguna sorpresa, y no hay razón para lamentar su decisión. Los costes de no actuar eran simplemente demasiado grandes, y el potencial de información errónea demasiado bajo para preferir la inacción. Hubieran sido preferibles mejores datos, por supuesto, pero el Presidente Bush no muestra ningún signo de remordimiento por hacer lo que él sabe que era prudente bajo esas circunstancias.

Una segunda lección importante que el Presidente aprendió en Harvard Business School es aceptar un número finito de metas estratégicas, y hacer que cada una de esas metas sirva a los máximos fines deseados posibles. El tópico de esta lección es que si todo es una prioridad, entonces nada es una prioridad. Si no puedes centrarte en todo, entonces necesitas ser capaz de centrarte en aquellas pocas metas que tendrán el impacto más amplio, llevando a una futura capacidad para obtener otros fines deseables. Ningún número exacto de metas es el límite, pero tres es un número terriblemente bueno al que apuntar. Esas metas deberían ser mutuamente consistentes, por lo que el logro paso a paso de cada uno ayuda al logro de los otros.

Es evidente y lógico sugerir que George W. Bush ha elegido solo un pequeño número de metas principales. Su actual prioridad número uno le fue arrojada: ganar una victoria completa en la “War on Terror”. No hay evidencia de que esto estuviera en su lista inicial de prioridades. Pero después del 11 de septiembre, dijo muy claro que sus prioridades habían cambiado drásticamente. También expuso un marco temporal realista – décadas – para esta meta número uno. De esta amplia meta caen en cascada una serie de tareas subordinadas, de persuadir a los dictadores de que va en su interés evitar apoyar a grupos terroristas, a fortalecer la capacidad militar, la inteligencia y la aplicación de ley doméstica de América, por ejemplo.

Creo que su segunda meta más amplia es la de construir un modelo duradero de política Republicana en el gobierno, al forjar una nueva coalición de bloques de voto, además de los existentes grupos partidarios GOP (conservadores, partidarios de la bajada de impuestos, los tradicionalmente religiosos y los propietarios de pequeñas empresas) un número sustancial de rentas más bajas, pero con miembros que incluyan a minorías étnicas, especialmente hispanos y tantas personas de color como sea posible.

Si hay un único tema que unifique a todas estas personas, es la creencia en el Sueño Americano. La libertad para mejorar el destino de uno en la vida, junto con la habilidad de ordenar los recursos necesarios sin el obstáculo de las regulaciones opresivas, los impuestos, u otras interferencias gubernamentales, es una de las piedras fundamentales de esta coalición. El objetivo no es simplemente atraer a las personas para servir sus intereses, sino convencerlas con los Republicanos, como el instrumento político de sus sueños.

En el corto plazo, temas de importancia para la base conservadora pudieran ser para despachar: gasto del gobierno, especialmente en expansión de derechos, como el NEA, que pudieran ayudar a alcanzar a votantes indecisos, pero que no inspira a la base. La búsqueda del Presidente Bush de dirigirse a la base directamente, a la vez que simbólicamente, antes de la elección. Pero hay que entender que pondrá como más prioritario el objetivo de expandir el apoyo de sus votantes más que encargarse de su base, cuando todo está dicho y hecho, poniendo mucho peso en consolidar su Presidencia para un activista “War on Terror” (ver Meta #1) que harán que voten por su reelección.

Una tercera meta fundamental, contada muy de cerca, es conseguir y mantener la economía creciendo a buen paso. El Presidente heredó una economía en recesión cuando tomó posesión. Después, el 11 de septiembre agotó el material de muchas industrias, y dio un golpe financiero y psicológico a la nación. Recortes de impuestos agresivos, aumentados por la Federal Reserve, han restaurado la economía a un crecimiento robusto. Las quejas acerca de un bajo crecimiento laboral echaron en falta dos puntos: que en las primeras etapas de una recuperación económica, los empleados aplazan contratar personal, y la economía en conjunto se mueve del modelo de trabajo a jornada completa hacia formas de contrato de trabajo independientes, de este modo no teniendo en cuenta el trabajo de muchas personas (incluyendo el mío propio) de ser considerado como “trabajo”.

Una economía saludable que crea oportunidades de trabajo genera nuevos miembros para la “American Dream Coalition”. Una dirección robusta y de éxito de la “War on Terror” proporciona seguridad doméstica, anima a la inversión y al crecimiento y trae orgullo a todos los grupos de la sociedad americana. Todos estos factores animan más a las personas a identificarse como Republicanos, asegurando la meta política del Presidente. Las tres metas se refuerzan mutuamente unas a otras.

Otra lección básica que el joven George W. Bush aprendió en las aulas de Harvard Business School es que diferentes directivos tienen legítimamente diferentes estilos de operar como ejecutivos. No hay “un modo correcto” de dirigir. Los ejecutivos de éxito desarrollan un estilo que es verdadero por su propia naturaleza, y que se construye sobre sus fortalezas. George W. Bush es una persona que delega por naturaleza, un ejecutivo que busca la mejor gente posible para trabajar con él, infunde lealtad (al practicar él mismo), y después les da mucho espacio para operar. Sus “pecados” como ejecutivo han sido, y probablemente sean que da a subordinados poco eficaces demasiado espacio. Esto es por lo que le ha llevado tanto tiempo eliminar a ciertos ministros.

En el método de caso de estudio practicado en Harvard Business School, figuran intensas discusiones de planes alternativos para definir y después resolver los problemas descritos en los famosos casos de la escuela de negocios. Una discusión bien estructurada tiene la virtud de revelar sistemáticamente las implicaciones de diferentes cursos de acción, permitiendo análisis más profundos, y llevando por último a mejores decisiones. La preferencia del Presidente Bush de mantener asesores de alto rango de diferentes persuasiones, tales como Colin Powell y Paul Wolfowitz, refleja el valor en el que sitúa los cursos alternativos de acción. Los críticos que hablan de un poder de lucha que necesita resolverse en favor de un lado u otro, está completamente fuera de lugar.

Una nota final acerca del estilo de management de George W. Bush y sus estudios en la Harvard Business School no se derivan de la clase, per se. Una característica es que la subcultura de los jugadores de póquer existe. El póquer es apropiado con las inclinaciones, el talento y las habilidades de muchos futuros empresarios. Una lectura detallada de las probabilidades, combinada con la habilidad de psicoanalizar al oponente, lleva a una acumulación de capital en muchos campos, además de la mesa de póquer.

Por reputación, el Presidente era un jugador de póquer muy habilidoso cuando era un estudiante MBA. Uno de los secretos de un jugador de póquer con éxito es animar a tu oponente a apostar un montón de fichas en una mano perdida. Este es un modelo de comportamiento que uno ve repetidamente en la carrera política de George W. Bush. Él no es alguien que proclame sus fortalezas al principio de una campaña. En vez de eso, espera el momento oportuno, no responde enérgicamente, al menos al principio, a las críticas de sus enemigos, no importa lo fuertes y molestas que sean. Por esto, esta aparente pasividad sólo les incita a hacer su caso de una forma más enfática.

Sólo el tiempo dirá, si Saddam tuvo alguna vez armas de destrucción masiva. Su no existencia no ha sido probada. Sólo el tiempo dirá o no si Osama bin Laden (os su cadáver) será custodiado por Tropas Americanas. Sólo el tiempo dirá o no si Irak continuará su progreso hacia una transición hacia un gobierno democrático. George W. Bush tiene mucha más información sobre estos temas de la que tienen sus oponentes políticos. Por el momento, están apostando muchas de sus fichas a un lado de estas cuestiones.

Veremos si noviembre tiene la mano ganadora.


Thomas Lifson

Fuente: The American Thinker
www.americanthinker.com
Traducción: todomba.com
 
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