
Cuando todavía en España la idea de master parecía una cosa americana, ESADE se atrevía son su primer MBA (Master in Business Administration) en 1964.
“Empezábamos algo nuevo y nuestros alumnos tenían la mentalidad de pioneros; todos trabajaban, pero buscaban formación”, recuerda Eduard Bonet, profesor de la primera promoción del curso. Lo que pretendían con su programa era crear profesionales para la dirección de empresas, un matiz muy diferente del concepto que se tenía de aquella profesión antes del año 64, cuando el puesto se asociaba exclusivamente a la propiedad.
UNA APUESTA SEGURA
“Ahora, los MBA abren puertas, pero en aquel momento, ese valor no era reconocido: apostábamos por el futuro”. Y ganaron. Hoy, los MBA conforman una demanda universalmente reconocida - de hecho, se regulan con normas internacionales – y aunque suponen un gran desembolso económico, son clave para los profesionales que pretendan acceder a un puesto directivo en un futuro próximo. Sus alumnos son, además “personas con una gran voluntad que hasta llegan a cortar con una vida profesional para dedicarse a su MBA full time”, puntualiza el experto.
SOFISTICACIÓN
Todavía recuerda aquella primera promoción, y lo hace de forma divertida, como quien relata una anécdota de su infancia. “Fue un sistema muy simpático: los profesores eran más jóvenes que los alumnos y se vivía con total naturalidad”. Actualmente, el master se ha sofisticado con nuevas materias y novedades, pero sus pilares permanecen intactos: “Calidad y experiencia, interés por adaptar los programas de forma continua y gran relación con el mundo empresarial”. En definitiva, resume Bonet, “que nos permita conocer a fondo los problemas reales de las empresas”.
El Mundo
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