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Negocios pasados por la escuela PDF Imprimir Enviar a un amigo
viernes, 13 de diciembre de 2002
Abel Núñez/ Actualidad Económica.

Las escuelas de negocios no sólo forman directivos, también a jóvenes que quieren montar su propia empresa.

Juan Carlos Asensio hizó el MBA del Instituto de Empresa hace dos años. Desde el primer día allí tuvo muy claro cual sería su futuro al finalizar el máster. Su destino no era entrar en la rueda; es decir, iniciar la tradicional ronda de entrevistas de trabajo y quedarse con la mejor oferta laboral de una gran compañía multinacional. Optó por otro camino, el que más le gustaba: crear su propia empresa.
Lo que para él ha supuesto "poder ser más creativo, tener más responsabilidad y contar con menos restricciones a la hora de aplicar mis ideas", dice. Lo que ese año era un proyecto esbozado con un grupo de amigos, es una realidad desde finales de 2000. Se llama Coynet Systems, una empresa con sede en Sevilla de puntos de acceso públicos a Internet, de la que es su director de márketing.

Su caso no es único. Las escuelas de negocios son, además de cantera de directivos de alto nivel, cuna de emprendedores. Pedro Nueno, director de la Cátedra de Iniciativa Empresarial del IESE, calcula que "un tercio de los alumnos de MBA terminan creando su propia empresa durante los diez años posteriores a la finalización del máster". Un porcentaje que el boom de Internet impulsó considerablemente, lo que podría llevarnos a hablar "de un 40% de alumnos emprendedores", afirma Nueno.

Tamaña capacidad emprendedora es bastante significativa. Contrasta con índices más moderados como el de la prestigiosa Harvard Business School, en donde "entre el 4% y el 6% de sus alumnos se convierte en empresario", según Ignacio de la Vega, director del área de creación de empresas del Instituto de Empresa. El 20-25% de los alumnos de esta escuela de negocios madrileña acaba creando su propia empresa durante los cinco años posteriores a la finalización de máster.

Con un proyecto bajo el brazo
El caso es que, frente a una formación tradicionalmente enfocada hacia la tarea gerencial -su último exponente son las jugosas ofertas de trabajo a los recién postgraduados-, cada vez es mayor el número de alumnos que llega a una escuela de negocios con un proyecto bajo el brazo y la firme intención de ponerlo en marcha. O aquéllos que nacen a lo largo del curso en los propios grupos de trabajo fruto del intercambio de opiniones y pareceres.

Esta tendencia emprendedora ha encontrado dos respuestas inmediatas en entidades como el propio IESE, el Instituto de Empresa, Esade o Esic. Para empezar, la asignatura de Creación de empresas se ha convertido en obligatoria para todos los alumnos de un MBA y, casi, de cualquier máster. Desde estos centro de formación de alto nivel, además, se han puesto en marcha importantes iniciativas -comités asesores de sabios, sociedades de capital riesgo, incubadoras- para ayudar, asesorar o financiar los mejores planes de negocio presentados por sus alumnos.

Capital riesgo
Una de estas iniciativas es Financiación de Nuevas Aventuras Empresariales (Finaves), una sociedad de capital riesgo que nació en 1999. El IESE, su motor e impulsor, ha reunido a dieciséis entidades entre las que se encuentran Caixa Terrasa o la Generalitat de Catalunya. Invierte en los proyectos más interesantes gestados por los ex alumnos de este centro empresarial.

Entre los que han salido adelante gracias a esta venture capital está el de Dogan Gündogdu, joven emprendedor de origen turco. Gündogdu, economista de 35 años y MBA por el IESE, pulió su plan durante los dos años de máster con la ayuda de profesores y expertos de esta institución. Actualmente es el consejero delegado de DVM Capital, una sociedad afincada en Alemania que ofrece servicios y productos financieros pensados para la comunidad turca de este país, formada por más de dos millones de personas.

Un terreno que, por su propia experiencia, "han descuidado las grandes entidades financieras germanas", afirma Gündogdu. DVM Capital, en cuyo consejo se siente un representante de Finaves, empezó a funcionar en abril del año pasado para cubrir ese mercado.

Juan Carlos Asensio, de Coynet Systems, aprovechó su paso por el Instituto de Empresa para reciclar y ampliar sus conocimientos, pero también para someter su idea -"como un trabajo del curso más", explica- al escrutinio de sus profesores. "La evaluaron y me ofrecieron consejos sobre la viabilidad de la misma",afirma.

Los alumnos del Instituto de Empresa cuentan con un comité asesor de noventa profesionales de primer orden del mundo de la empresa . La escuela realiza labores de consultoría y asesoría para emprendedores y ex alumnos. Como parte y complemento de todas estas actividades, creó el International Center for Entrepreneurship and Ventures Development (Iceved).

Iceved -iniciativa en la que participan 25 escuelas de negocios de todo el mundo- aspira a ser el gran portal de la creación de empresas. Desde Internet, los emprendedores pueden acceder a fuentes de información, asesoramiento y financiación; herramientas de análisis, estudios y foros.

En ocasiones sucede que, fruto de la creatividad de los propios alumnos, del trabajo codo a codo, nacen afinidades e ideas. Así surgió adoptArt, una empresa catalana de servicios y productos relacionados con el arte y la cultura. Sus tres fundadores -Joan Francesc Ainaud, Carles Aymerich y Juli Espresate- se conocieron en Esade. Tras finalizar el MBA de la escuela catalana, empezaron a trabajar en un comparador de precios por Internet, idea que no cuajó.

Tras ese primer resbalón, nació adoptArt en enero de 2001. Se trata de un original proyecto que organiza visitas a museos o exposiciones para directivos; gestiona y organiza eventos culturales, monta exposiciones y hace servicios de consultoría en el ámbito artístico y cultural. Han invertido ya 60.000 euros y en su cartera cuentan con trabajos realizados para La Caixa o Planet Media.

"El máster, -dice Ainaud, director general de adoptArt- nos permitió complementar nuestro perfil profesional con los conocimientos empresariales necesarios para crear una empresa". Y es que su formación es de lo más diversa: Ainaud es licenciado en Historia del Arte; Aymerich, es ingeniero; y Espresate estudió Biología.

Pero ¿es una garantía del éxito para el emprendedor pasar por una escuela de negocios? La respuesta es no para Ignacio De la Vega. "Pero sí es cierto -añade- que salen mejor formados, conocen a mucha gente, saben dónde pueden buscar financiación, o cómo deben organizar y estructurar los recursos disponibles".

Eugenia Bieto, directora del Centro de Iniciativa Empresarial de Esade, cree que "aprender a ser empresario es como aprender a nadar: si no te tiras a la piscina, no aprendes", dice. En una escuela de negocios los alumnos tienen la ventaja de que se les dota "de las herramientas de análisis económico-financiero, de mercado o de contabilidad necesarias", afirma.

Además, "se aprende mucho estudiando los errores de otros en los que hay que evitar caer". Por último, apunta, "es importante ayudar a los emprendedores a superar esa sensación de vacío y vértigo que les inunda cuando llegan con ideas pero que no saben cómo llevarlas a cabo".
 
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