
Resulta evidente para todos nosotros la tremenda revolución que ha supuesto en nuestra sociedad la aparición del fenómeno Internet. Gracias a él nos encontramos en lo que muchos expertos han dado en llamar “sociedad de la información”. Pero no sólo en cuanto a disponibilidad de la información se han producido los cambios, si no en la manera de pagar por ella. Tradicionalmente el soporte en el que la información se presentaba participaba en el precio, sin embargo ahora el coste del medio es prácticamente despreciable en comparación.
Actualmente los costes de acceso a un determinado activo de información a través de Internet pueden fijarse alrededor de un 5-20% del coste en formato tradicional. Disponibilidad y costes fueron los dos catalizadores de la revolución de Internet.
Por supuesto que en todas las revoluciones tenemos perjudicados y beneficiados y de resultas a ello hemos visto caídas y auges de grandes corporaciones y proyectos. Masivas ventas y beneficios que se convirtieron en grandes pérdidas, y viceversa. En definitiva juegos de negocio para ver quien aguantaba los vientos del cambio.
En cualquier revolución sea social o tecnológica, el nivel de caos dentro de la organización aumenta durante un tiempo; los gobiernos parecen inestables, los procesos incorrectos, se cambian las bases y las tesis que sostenían el sistema anterior y, en general, durante un tiempo todos parece que “estamos peor que antes”.
Sin embargo, parece que los tiempos de cambio radical han concluido y ahora podemos esperar una más sosegada evolución. Incluso en muchos casos esta evolución paulatina se está capilarizando en nuestra vida sin darnos cuenta de ello, ya que se han creado unas nuevas bases de trabajo, nuevas “leyes” que hacen que nuevos servicios y costumbres se estén desarrollando bajo nuestros pies.
Claros ejemplos los tenemos en la banca electrónica; donde hace un par de años resultaba exótico tener un sistema de gestión bancaria a través de Web, ahora resulta tan imprescindible que ninguno de los grandes del sector comete el error de no comunicar que dispone de estos servicios. Las reservas de entradas o los callejeros on-line, no son más que otros ejemplos de cómo Internet se está insertando en nuestras vidas.
Como ejemplo basta analizar cómo el correo electrónico forma parte de nuestros procesos de negocio a un nivel tal, que ya no resulta competitivo disponer de él, es más, no tenerlo resulta de una desventaja. Nadie en estos momentos piensa que por darle un correo electrónico a un cliente, este esgrimiendo una clara ventaja ante sus competidores. Lo normal es que el cliente ya dé por sentado que nosotros disponemos de él, y nos muestre su descontento si no es así.
Siguiendo este ejemplo, no es descabellado suponer que en breve la banca no promocionará sus sistemas de consulta por Internet, ya que el cliente habitual, como en el antiguo servicio militar, “supondrá el valor” de la oferta que la entidad le hará para captarle, básicamente será como el que el banco tenga cajeros automáticos, “todos lo tienen” y “si no tiene, no meto ahí mi dinero”
Esta capilaridad en el mundo de los negocios no hará sino integrar paulatinamente estos sistemas en la gestión de los mismos. Ya es posible la comunicación telemática entre proveedores-clientes o empresas-empleados. En un futuro cercano este tipo de relaciones se convertirán en algo tan habitual como ahora resulta tener una máquina de fax o una fotocopiadora.
Nuestra cadena de suministro va a demandar este tipo de soluciones, los proveedores querrán mandarnos las ofertas vía telemática y recibir nuestro pedidos de igual manera, nuestros clientes querrán consultar en tiempo real el estado de sus encargos, nuestros empleados necesitarán de sistemas globales y ágiles que les permitan dedicarse a crear valor en nuestras compañías… de hecho en algunas ya ocurre esto desde hace tiempo, y curiosamente son las que están capeando el temporal en estos malos tiempos.
Por todo ello, necesitamos mantener los ojos abiertos ya que las oportunidades que Internet nos va a ofrecer no se materializarán sólo para los mas arriesgados, mas bien, estarán disponibles para todos y sólo serán los primeros los que gocen de ventajas durante un tiempo, los llamados “Web Services” o los sistemas de consulta en tiempo real no son mas que claros ejemplos de estas oportunidades.
En definitiva, Internet no será una ventaja para siempre, mas bien en breve será algo de lo que no podremos prescindir.
Citando a Darwin…”si más individuos nacen que los que pueden sobrevivir, un grano de arena en la balanza bastará para determinar qué individuo vivirá y cuál morirá, qué variedad o especie aumentará en números y cuál decrecerá o finalmente llegará a extinguirse”. Está clara la analogía con el mundo empresarial.
La sociedad que vivimos cada vez se parece más a esta balanza, estemos preparados pues para aferrar ese grano de arena que dentro de unos años se nos presentará. Aunque, por supuesto, si conseguimos ahora la piedra antes de que el tiempo la convierta en granos de arena, el dial de la balanza estará de nuestro lado con un ángulo mucho mayor y durante un periodo más dilatado que el que nuestros competidores quisieran.