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miércoles, 23 de marzo de 2005
Un empresario con ambición se arriesga, innova y crea nuevos productos
El franquiciador, ¿nace o se hace? El emprendedor de la franquicia se caracteriza por haber creado un exitoso concepto de negocio con grandes posibilidades de crecimiento. Debe idear los planes de expansión de su enseña.
Está comúnmente aceptado que la persona que se une a una enseña como franquiciado es alguien menos predispuesto al riesgo que el que pone en marcha un proyecto propio. Sin embargo, aunque son cada vez más las iniciativas de éxito que eligen esta fórmula, no resulta tan fácil trazar un perfil tipo del empresario que suele lanzar una enseña.

Actualmente existen muchas dificultades para hacer crecer un proyecto independiente. Llega un momento en que el empresario se ve en la tesitura de conformarse con lo que tiene o plantearse la franquicia como vía de expansión. Y el emprendedor-franquiciador es alguien con ambición. "Está convencido de que ha creado un concepto innovador que puede tener un elevado éxito en el mercado.Debido a ello, cree que es un despilfarro conceptual desarrollar éste en un único establecimiento. No obstante, no tiene la financiación necesaria para desarrollar una red de sucursales propias”, apunta Gonzalo Bernardos, director del Máster en Creación, Gestión y Desarrollo de Franquicias de la Universidad de Barcelona.

El factor casual

No todos los proyectos que prosperan como franquicia se pensaron originalmente para serlo. Algunas empresas con décadas de historia optaron en un momento dado por arrendar su marca. Es el caso de Rodilla, una firma consolidada que después de casi medio siglo en el mercado se planteó la franquicia para seguir creciendo.

En los últimos años, muchas empresas fabricantes han optado por distribuir directamente sus productos a través de tiendas bajo su propia marca. Sin tratarse de una firma franquiciadora al uso, para conseguir esta red han buscado alianzas con socios franquiciados, tal como recuerda Manuel Bermejo, profesor del Instituto de Empresa.

Tradicionalmente, la mayoría de franquicias se creaban de forma casi involuntaria. “Un emprendedor montaba un negocio y triunfaba. Posteriormente, alquilaba un local en otra ubicación y volvía a tener un gran éxito. Si tenía ambición y no disponía del capital suficiente, decidía convertirse en franquiciador”, apunta Gonzalo Bernardos.
Sin embargo, en otras ocasiones existe un ansia por expandirse, ya sea por la confianza en el propio producto, por el deseo de aprovechar una oportunidad antes de que la competencia nos copie, o por una combinación de ambos factores.

Vía para obtener capital.

A veces existe la idea de que el empresario de la franquicia juega sobre seguro, puesto que se sirve de otros socios para expandir la enseña .
El emprendedor de la franquicia está en teoría más abierto a ‘complicarse la vida’ que el empresario convencional. Mientras un comerciante con un par de locales suele conformarse con mantener una clientela estable que le permita vivir holgadamente, el franquiciador es alguien que cree en su negocio y quiere sacarle el máximo provecho.

Menos control.

Mientras que el franquiciado encuentra en el contrato con una enseña un atajo para emprender con pocos riesgos, el franquiciador se pone en manos de sus socios de marca. Aquel que opte por una franquicia debe saber desde el principio delegar en mayor medida de lo habitual. Para el emprendedor tradicional, “la empresa es una prolongación de su persona y, por ello, todas las decisiones las tiene que tomar él”, afirma Gonzalo Bernardos.


¿EMPRENDER POR LIBRE O MEDIANTE FRANQUICIA?

Aunque cada compañía tiene su propia historia y circunstancias, podemos distinguir dos perfiles diferentes a la hora de convertir en empresa una idea de negocio. De un lado, el emprendedor común, que prefiere controlar personalmente la gestión y desarrollo de su/s comercio/s. De otro lado, el franquiciador vocacional, al que no le importa arrendar su marca a otras personas siempre que eso le ayude a hacer más grande su negocio actual, como recuerda Gonzalo Bernardos.

Rasgos del empresario común

El emprendedor solitario muchas veces pone en marcha su negocio como una forma de autoempleo sin jefes ni dependencias. Quiere alcanzar una determinada posición y nivel de vida, pero sin idea de cambiar el mercado.

Le gusta tener el control de su empresa. La responsabilidad de los aciertos y fallos será siempre suya.

Se guía por su sentido común y por sus intuiciones a la hora de gestionar su propia empresa.

Tiene toda la libertad para manejar su compañía a su gusto e imponer su criterio en cualquier tema que considere necesario.

Rasgos del franquiciador

Cree que su proyecto tiene un gran potencial y tiene prisas por hacerse con un nombre en el sector, aunque carece de los medios. Sacrifica comodidad a cambio de contar con más recursos (franquiciados, locales, financiación…).

Necesita delegar si quiere hacer crecer su empresa. Echa mano de socios franquiciados y de un buen equipo de gestión para la toma de decisiones.
Concreta su concepto en un know how transmisible, de forma que su modelo de gestión pueda ser reproducido ‘en serie’ por otros.

Tiene que negociar y consensuar sus decisiones con sus socios franquiciados.


Manuel Pernas

Fuente: Emprendedores
www.emprendedores.es
 
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