
Las empresas cotizadas europeas ya deberán utilizar este año las Normas Internacionales de Contabilidad (NIC).
La principal razón de este proceso es que las compañías ofrezcan la misma información financiera en todos los países donde cotizan. Y que los inversores no se encuentren, como hasta ahora, datos financieros distintos de una misma compañía en cada país, al aplicar las normas contables que rijan en cada uno de ellos.
Además, como señala un reciente informe de BDO Audiberia y el Instituto de Estudios Económicos “este nuevo marco constituye una verdadera revolución por la divergencia de los modelos que intenta armonizar”.
Unir dos modelos
Por un lado, el anglosajón, pensado para empresas de gran dimensión y mercados de capitales más desarrollados, basadas en la separación entre propiedad y gestión.
Y, por otro, el modelo de los demás países, mayoritariamente europeos, de mercados financieros menos desarrollados, donde los intermediarios financieros juegan un papel primordial en la financiación de las empresas y en los que la propiedad y el control han estado más unidos”.
Repercusiones
Pero la aplicación de las NIC ya está teniendo sus repercusiones. Un ejemplo, es cómo algunos bancos y empresas se están desprendiendo de sus participaciones empresariales. La razón es que, según la legislación española, una compañía puede integrar en sus resultados los beneficios de una empresa donde participe con más del 3% de su capital. Un mínimo que las NIC elevan hasta el 20% o a que ejerzan el control de la sociedad. Con lo cual ya no son tan “rentables” estas participaciones.