
STANFORD GRADUATE SCHOOL OF BUSINESS — Las corporaciones que aceptan la responsabilidad por un mal año financiero más que culpar a fuerzas externa, pudieran ser recompensadas por el mercado bursátil. Aunque los autores del estudio no pararon de decir que ser sinceros acerca de que las malas noticias causan que aumenten los precios, dicen que admitir los errores predice futuros precios de las acciones más altos.
Los investigadores, que incluyen a Larissa Tiedens profesor asociado de la Stanford Graduate School of Business y sus antiguos colegas de la Universidad de Michigan, estudiaron 21 de informes anuales de 14 firmas importantes de tres industrias. Echaron un vistazo a como diferentes compañías de los sectores farmacéutico, alimentación y bebidas, e industrias de equipamiento industria, usaron su carta de los informes anuales para los accionistas para explicar la actuación de la compañía; y si el tipo de explicación correlacionada con el precio de las acciones de la compañía del año siguiente.
Fue en cierto modo sorprendente. Durante el periodo estudiado—1975 hasta 1995—las compañías que tomaron responsabilidad personal por un mal año, realizaron una actuación con las acciones mejor que la que hicieron las firmas que culparon a factores externos e incontrolables tales como el mal tiempo o el estado de la economía. "Sólo importaban las explicaciones para acontecimientos negativos, pero esas explicaciones importaban mucho," dice Tiedens. Típicamente, las acciones de cinco compañías cuyos informes anuales tenían las medidas más altas de competencias internas ,controlables y específicas para acontecimientos negativos, funcionaron de un 14 a un 19 por ciento mejor al año siguiente, que las acciones de las compañías con las cinco medidas más bajas de estos modelos de competencia.
Los resultados del estudio van cuesta arriba con una larga tradición en psicología social, dice Tiedens, doctorada en filosofía. "Muchos estudios han mostrado que el modo en el que te explicas las cosas te afecta de diversas maneras." El modelo atributivo de trabajar en beneficio propio y el tener crédito por buenos resultados en factores externos, ha sido mostrado en repetidas ocasiones por tener efectos positivos en todo, desde la motivación de uno mismo y la autoestima a la salud física; así que desviar la culpa por los malos resultados parece como una receta para el bienestar.
Pero mucha de la investigación previa ha tenido en cuenta las explicaciones privadas e individuales para las causas o acontecimientos, y Tiedens y sus colegas tienen una razón para creer que la psicología de las comunicaciones públicas en una organización debería ser diferente. Las cartas a los accionistas, después de todo, están lejos de ser confesiones auténticas de sentimientos interiores y están escritas para crear una imagen pública. "La gente probablemente no escribiría estas cartas si no causaran impresión a los inversores," dice Tiedens, que discute las estrategias del management sobre la impresión cuando enseña el curso básico MBA sobre Managing Groups and Teams.
En algunos casos, los ejecutivos que culpan a las causas externas e incontrolables de los problemas, puede parecer que valga menos la pena. Este podría haber sido el veredicto del público en 1988 cuando Merck culpó al declive de la educación en ciencias y matemáticas de los Estados Unidos de su liderazgo tecnológico indeterminado. Eso fue un severo contraste a la afirmación directa que hizo Campbell Soup en 1983 cuando explicó las ganancias netas reducidas de la compañía como resultado del cierre de una planta en Argentina y la consolidación de operaciones en Europa.
Sin embargo, este estudio no trató de llegar a los pensamientos privados de los ejecutivos detrás de las declaraciones atributivas, así que no está claro si sus explicaciones de una actuación pobre eran sinceras o calculadas. Lo que importaba era la impresión que causaron aparentemente las cartas en los inversores, en quienes los investigadores creen buscar signos de poder y control en los líderes de la compañía. Si un ejecutivo es responsable de resultados negativos, dice Tiedens, "el lector piensa, "Oh, esta compañía sabe lo que está haciendo, tienen control de ello, pueden cambiarlo.""
Si los ejecutivos que proclaman mea culpa tienen verdaderamente el control, está también poco claro en esta investigación, que no analizó los principios básicos de las compañías para ver si los cambios de año en años en los precios de las acciones estaban justificados. Ni tampoco podemos deducir de este estudio correlacional que las cartas de autoculpa verdaderamente causaran los aumentos de las acciones, aunque estudios adicionales del equipo de Tiedens sugieran que este podría ser el caso. Todavía, incluso si la correlación entre echar la culpa a las acciones de la compañía por los resultados financieros y los precios de las acciones más altos resulta ser falso, Tiedens dice que cree que la conexión podría ser útil.
¿Significa eso que el estudio de las frases atributivas en los informes anuales puede ayudar a los inversores a aumentar las probabilidades de escoger un ganador? Tiedens cree que si.
"Un inversor podría leer afirmaciones públicas lanzadas por compañías e invertir en aquellas que tienen atribuciones internas y controlables para acontecimientos negativos y evitar aquellas que producen atribuciones externas e incontrolables." Pero ten cuidado de aplicar estas ideas para acciones de tecnología y otros sectores turbulentos que Tiedens y sus coautores evitaron a propósito. Por definición, las finanzas de las compañías en industrias volátiles son impredecibles; no importa lo que digan sus ejecutivos.
—Marina Krakovsky
Fuente: Stanford Graduate School of Business
www.gsb.stanford.edu
Traducción: todomba.com