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Fortaleciendo los valores del Liderazgo Centralizado PDF Imprimir Enviar a un amigo
jueves, 05 de mayo de 2005
Charles D. Kerns

Durante el reciente periodo de cinco días de luto nacional por el difunto presidente Ronald Reagan, hubo muchos discursos y tributos para el antiguo presidente, pero hubo un tema común a todos ellos. Incluso aquellos que habían estado en desacuerdo con la política de Reagan y habían entablado una batalla política con él, comentaron el hecho de que Reagan vivió su vida de acuerdo con una serie de valores básicos que trascendieron a la política. El antiguo presidente George H. W. Bush identificó algunos de estos valores en el discurso en su funeral cuando dijo que de su asociación con Reagan, “Aprendí la amabilidad; todos lo hicimos. También aprendí el coraje; la nación también. Aprendí decencia.”[1] Bush también volvió a contar cuando Reagan estuvo en el hospital recuperándose del intento de asesinato, fue visto secando el agua derramada en el suelo del hospital porque no quería que su enfermera no tuviera problemas. Esta historia ilustra virtudes más alla de la amabilidad, empatía y compasión practicada por el antiguo presidente.
Muchos otros líderes nacionales también expresan valores como compasión, honestidad y justicia. El antiguo presidente Jimmy Carter es una de esas personas. Está internacionalmente reconocido por su trabajo en nombre de los derechos humanos en todo el mundo, por sus esfuerzos para asegurar que las elecciones son justas y honestas, y por su implicación con Habitat for Humanity, la organización que construye casas para familias de rentas bajas.

En muchos sentidos estos líderes ayudan a animar lo que se quiere decir con la palabra virtud. La virtud implica el concepto de excelencia moral. Los valores orientados a la virtud son críticos por dar forma y sostener un lugar de trabajo ético, si ese lugar de trabajo es la Casa Blanca o un pequeño negocio en una ciudad pequeña. Son los valores que instruyen el liderazgo directivo y guían el establecimiento de estándares de comportamiento. Este artículo ofrece un acercamiento práctico de siete pasos para que desarrolles, clarifiques y apliques tu propia serie de valores orientados a la virtud.[2]

¿Qué son los valores orientados a la virtud?

Valores orientados a la virtud son aquellos valores que ayudan a las personas a determinar la diferencia entre un comportamiento ético y otro que no lo es. Como una subserie de valores de liderazgo directivos, ayudan a guiar las decisiones y acciones del líder hacia el terreno ético. Martin Seligman ha establecido una serie de valores virtuosos básicos que parecen tener un atractivo universal.[3] En cambio, yo he adaptado los resultados de su investigación al liderazgo directivo ético, para así generar seis valores virtuosos básicos. Los seis valores son: sabiduría y conocimiento, autocontrol, justicia y consejo justo, trascendencia, amor y amabilidad, valor e integridad.

¿Para qué molestarse con los valores orientados a la virtud?

Dar forma y sostener una fuerte cultura ética en el lugar de trabajo es algo avanzado cuando la gente de tu organización comparte una serie de valores orientados a la virtud. Entre las razones para que los líderes directivos persigan la identificación, la comunicación y el reparto de acciones que reflejan los valores virtuosos está la cadena de Valores-Actitud-Comportamiento. Los valores ejercen influencia sobre nuestras actitudes, y nuestras actitudes influyen en nuestro comportamiento. Debido a que las decisiones éticas y el comportamiento van unidos a valores, es importante que los valores orientados a la virtud sean fuertes. Ayudarán a dirigir el comportamiento ético entre los el liderazgo y los miembros de la organización. Identificando y modelando tus valores virtuosos puedes impactar a la organización de varias formas:

1. Los empresarios hacen lo que los líderes modelan. Las acciones de los líderes directivos son determinantes al influir en el comportamiento ético del empresario.[4] Este resultado subraya la importancia para los líderes directivos de comunicar sus valores orientados a la virtud y demostrarlos a través de sus acciones. Los directivos de ventas que informan exactamente de sus gastos a tiempo, animan a sus vendedores a hacer lo mismo.

2. Es el momento exacto para hacerlo. Cuando la gente de las organizaciones acepta la virtud, se produce una dinámica de reforzamiento en la que “hacer lo correcto” se convierte en “la cosa correcta que hay que hacer.” Esta conexión se convierte en su propia recompensa y realza las vidas de aquellos que están dentro de este valor virtuoso orientado al entorno. Hacer acciones para producir bondad se vuelve en una prioridad. Crear programas de mentoring ayuda a otros se convierte en lo mejor para facilitar la construcción de una cultura en la que hacer lo correcto, por ejemplo, ayudar a otros, se convierten lo correcto y en algo normal que hacer.

3. La política ética crea ventaja competitiva. El enfoque de una organización a la ética puede diferenciarla de tal modo que crea una ventaja competitiva. Las metas estratégicas unidas a una serie de valores virtuosos puede representar una invitación y ser reconfortante para posibles clientes así como para los empresarios. Este tono ético, apoyado por esa serie básica de valores, es consistente con el deseo del público por una conducta ética por parte de los negocios y de los líderes. Organizaciones que se comprometen con un servicio al cliente superior como Nordstrom, ha hecho que puedan distinguirse por esta ética en el cuidado de los clientes.

4. Los valores orientados a la virtud y las acciones construyen confianza. La confianza es un recurso organizativo que es avanzado por los líderes directivos que apoyan insistentemente una serie de valores orientados a la virtud y consecuentemente actúan de acuerdo con sus afirmaciones. Los empresarios y los clientes quieren tener confianza en los líderes y verles como honrados. De hecho, la virtud de la honestidad se ha descubierto que es una cualidad fundamental que los accionistas clave buscan en sus líderes.[5] El comportamiento ético y la ciudadanía corporativa loable, se expanden en un entorno de trabajo de confianza caracterizado por virtudes como la honestidad, justicia y amabilidad. Los CEOs que garantizan esos objetivos estratégicos, que son reforzados por planes de acción específicos y actividades de investigación que ayudan a construir al confianza.

¿Cómo desarrollas los valores orientados a la virtud?

Los líderes directivos necesitan clarificar, apoyar y poner en práctica una serie de valores virtuosos. Para ayudarte a lograr esto, doy un enfoque con siete pasos:

1. Determinar tus posibilidades. Durante este paso necesitas seleccionar uan lista corta de virtudes. Una forma de hacer esto es a través de la revisión de una lista más larga. Recomiendo el uso de The Virtuous Leadership Character Checklist. Las virtudes que aparecen en esta lista vienen de mi completa revisión de muchas fuentes. Si usas esta lista u otro método, el objetivo de este paso es generar una lista de 10 a 15 virtudes que son importantes para ti. Cuando hayas identificado esta lista corta, estás preparado para dar el siguiente paso.

2. Jugar a ser abogado del diablo. Con tu lista de 10 a 15 virtudes en la mano, estás listo para jugar a ser abogado del diablo. El objetivo de este paso es desafiar cada una de tus posibilidades preguntándote a ti mismo una serie de preguntas acerca de cada virtud. Por ejemplo:

a. ¿Me importaría dejar mi trabajo si me pidieran que hiciera una acción contradictoria con esta virtud?

b. ¿Hasta que punto es esta virtud “innegociable?” Esto es, ¿actuaría conscientemente de manera que fuera contrario a esta virtud?

c. ¿Qué evidencia tengo de los pasados 12 meses de que es esta una de mis valores virtuosos básicos?

d. ¿Cómo me calificarían otros que me conocen muy bien en una escala de 0 a 10 (siendo 10 lo más alto) por actuar de modo que se refleje esta virtud?

e. “¿Cuál de las virtudes de mi lista le sorprendería más a la gente que violara?”

3. Escoger tus virtudes básicas. Con la información deducida del Paso 2, estás preparado para reducir tu lista a una serie de valores virtuosos básicos. Para realizar esta tarea te animo a que uses un proceso de comparación por parejas. Tu comparación por parejas reflejará que virtudes valoras más. Los valores de la lista probablemente representan tus valores virtuosos básicos. Es importante que uses los datos cualitativos conseguidos en el paso 2 para ayudar a guiar tu evaluación durante este paso.

La evaluación de la comparación por parejas de los valores orientados a la virtud

Instrucciones:

1. Definir lo que significan estas virtudes. Este paso te ayudará a comunicar verbalmente lo que significa la virtud para ti, y a la vez te proporcionará una guía para actuar. Por ejemplo, si adoptas “servicio” como un valor virtuoso, puede que escojas definirlo como “ser de ayuda, respetuoso y responsable con aquellos a los que sirves.” El objetivo de este paso es que trabajes cada una de las definiciones de tus valores.

2. Animar tus valores orientados a la virtud. Hecho tu trabajo en el paso 4, deberías ahora ser capaz de citar ejemplos del mundo real de como estos valores se revelan a si mismos en el lugar de trabajo. El objetivo de este paso es que asocies cada una de tus valores orientados a la virtud con ejemplos claros del lugar de trabajo. Si uno de tus valores virtuosos es “servicio” y lo has definido como “ser de ayuda, respetuoso y responsable con aquellos a los que sirves”, podrías identificar situaciones específicas en las que se produzca esta virtud. Por ejemplo, el director de un restaurante podría explicar por que va preguntando a los clientes si han disfrutado de su comida, y como podría ayudarles. Cuando se hace con respeto y a la vez con una promesa de ser receptivo, esta oferta proactiva para ayudar se alinea con la virtud de apoyo de “servicio.”

3. Poner tus valores orientados a la virtud en los tests éticos. El objetivo de este paso es que pruebes la fuerza de tus valores orientados a la virtud básicos y los apliques a los dilemas éticos. La mejor forma de hacer esto es describir varios escenarios que probablemente te encuentres en el trabajo. Una vez que has desarrollado estas situaciones, determina cual aplicas. Lo siguiente, con tus valores en mente, es sugerir un curso de acción. Califica tus acciones en una escala del 0 al 10 (siendo 10 la más alta) considerando como se alinean de bien tus valores. Se te anima a atraer a otros en este proceso de desarrollar escenarios y de delinear cursos de acción éticos.

4. Comprometerse con la práctica. Por último, habiendo completado los pasos del 1 al 6, estás listo para establecer dos compromisos importantes. Primero, necesitarás comprometerte a ti mismo con la comprensión de cada uno de los valores orientados a la virtud que identificaste en el paso 3, y esto es muy importante para ti. Deberías calificar cada valor del 0 al 10, al extremo de que estás comprometido a determinar y afirmar este valor a través de tus acciones. Deberías reconsiderar cualquier valor que tenga menos de 8 y determinar si verdaderamente es un valor orientado a la virtud básico. Se te anima a que busques a un colega en el que confíes o un performance coach para ayudarte a revisar y reflexionar sobre tu calificación personal. Esta persona puede jugar el papel de abogado del diablo para ayudarte más objetivamente a evaluar tu nivel de compromiso.

Segundo, ahora necesitas comprometerte a practicar y actuar de acuerdo con tus valores orientados a la virtud básicos. Este compromiso te llevará a ser congruente entre lo que dices y lo que haces.

Con la finalización de los primeros siete pasos y los compromisos hechos en el paso 7, estás en posición de aplicar con efectividad tus valores orientados a la virtud básicos. La implementación con éxito de este proceso es integral para lograr un lugar de trabajo ético centrado en el valor.

Conclusión

Los valores orientados a la virtud básicos son vitales para el desarrollo de programas que buscan influenciar y apoyar el comportamiento organizativo ético. Los líderes directivos necesitan clarificar, apoyar y afirmar estos valores, para fortalecer la práctica de la ética centrada en el valor.
“Reagan Buried at his Library,” Los Angeles Times, (Saturday, June 12, 2004: 1).
[2] For an expanded version of these ideas see Charles D. Kerns, The Manager’s Guide to Value-Centered Ethics: A Proactive System to Shape Ethical Behavior, Amherst, Massachusetts: HRD Press, 2005).
[3] Martin Seligman, Authentic Happiness (New York: Free Press, 2002).
[4] See L.K. Trevino, L.P. Hartman and M. Brown., "Moral Person and Moral Manager: How Executives Develop a Reputation for Ethical Leadership,” California Management Review, 42, Issue 4 (Summer 2000): 128-142; also review J.A. Petrick and J.F. Quinn, “The Challenge of Leadership Accountability for Integrity Capacity As a Strategic Asset,” Journal of Business Ethics, 34, Issue 3-4 (2001): 331-334.
[5] Research conducted by James M. Kouzes and Barry Z. Posner and cited in their book, Credibility: How Leaders Gain and Lose It, Why People Demand It (San Francisco: Jossey-Bass, 2003): 13-21.



Fuente: Pepperdine University
http://gbr.pepperdine.edu
Traducción: todomba.com
 
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