
El capital riesgo es una actividad financiera que consiste en proporcionar recursos a medio y largo plazo, pero sin vocación de permanencia ilimitada, a empresas, generalmente no cotizadas, que presentan dificultades para acceder a otras fuentes de financiación.
Desde la perspectiva del prestamista, el partícipe de un fondo de capital riesgo, la inversión es “ciega” y a medio plazo. “Ciega”, pues compromete sus aportaciones a la vista de una estrategia de inversión que no concreta los activos que formarán parte de la cartera; y, a medio plazo, pues la duración media de las operaciones es de cinco años.
La actividad del intermediario, la entidad de capital riesgo, se caracteriza por las negociaciones en los procesos de entradas y salidas en el capital de las empresas, y por colaborar en la gestión de los activos que posee en cartera en el intento de motivar el crecimiento para rentabilizar la inversión. Para el prestatario, el capital riesgo es una fuente de financiación alternativa a la bancaria. Más cara pero con menos aversión al riesgo.
Lo relevante del asunto es que el prestatario natural de las operaciones de capital riesgo, las empresas no cotizadas cuya situación financiera les imposibilita el recurso a financiación bancaria, representan un porcentaje muy elevado de la pieza principal de nuestra economía: las pymes. Más aún, las pymes, que producen las dos terceras partes del PIB español y concentran al 93% del empleo, tienen, por lo general, estructuras financieras inadecuadas.
Estas estructuras financieras inadecuadas limitan su crecimiento y, dado el peso relativo de las mismas, también el del PIB. Frente a otros, estamos ante un instrumento de financiación esperanzador, ya que también puede aportar valor añadido colaborando en la gestión de las empresas de su cartera.
El debate de la reforma fiscal que ahora se inicia es una buena oportunidad para que los agentes involucrados analicen las posibilidades que ofrece el capital riesgo como instrumento canalizador del ahorro de los particulares hacia las pymes. Si la mayoría de los ingresos de las familias procede del salario que cobran en las pymes y la mayoría de los productos y servicios que adquieren lo producen ellas, tiene sentido que una parte de sus ahorros cubran las necesidades financieras de estas empresas, sobre todo si para ello se recurre a un vehículo cuya actividad contempla la contribución activa a su modernización.
Borja García-Alarcón
Fuente: La Gaceta de los Negocios