
Joel Kurtzman
La salida para el déficit comercial de los Estados Unidos puede que sea un dólar más fuerte, no uno más débil, debido al modo en que funciona el mundo de la economía ahora. Los encargados de hacer política necesitan combatir la locura económica y olvidar los viejos remedios que ya no funcionan
Permíteme un punto de vista de hereje que comparto con únicamente unos pocos miembros de entorno de la profesión. Esa noción es, para dar la vuelta al déficit de Estados Unidos, que el dólar debe subir más alto.
Durante al menos 18 meses, el dólar ha estado de capa caída contra el euro, la libra y el yen. La razón por la que al dólar se le ha permitido ‘buscar su propio nivel’, como dice Washington de una manera correcta, es reducir el billón de dólares de déficit de América, con el comercio y la cuenta corriente.
Los encargados de la política maquinaron la caída del dólar para hacer los productos americanos más competitivos contra los productos valorados en otras monedas. Cuando el dólar cae, continúa el razonamiento, Oracle venderá más que SAP, Corvette venderá más que Porsche e IBM devastará a Toshiba. Los dólares baratos fundirán el déficit y el dólar subirá una vez más.
Hay dos grandes problemas con la estrategia del dólar bajo.
Primero, la estrategia del dólar bajo ya no funciona nunca más. Durante los años del dólar alto de Clinton, el déficit comercial era bastante más pequeño de lo que lo había sido durante los años del dólar bajo de Bush. Incluso en los 80, bajo los así llamados Acuerdos Plaza, que redujeron el dólar, el déficit no desapareció. El comercio de Estados Unidos y el déficit de la cuenta corriente disminuyeron cuando otras economías crecieron – especialmente en Europa – no cuando el dólar baja.
Segundo, la economía de Estados Unidos funciona globalmente como consumidor mundial de último recurso, no como su productor de último recurso. Cuando Europa y Asia están en una recesión, se quedan estancados por el insaciable apetito del consumidor americano.
Manteniendo el dólar bajo, para que los americanos no puedan permitirse comprar productos importados, es una receta segura para un crecimiento global más bajo. Ahora mismo, con la OCDE proyectando una actuación con poco lustre por todo el mundo en 2005, el consumidor americano debería ser atraído para hacer su trabajo. Si no compra su asignación de productos europeos para el próximo año, porque son demasiado caros, ¿quién los comprará? No los italianos, los franceses o los alemanes. Sus tasas esperadas de crecimiento para 2005 serán de lejos demasiado bajas. Hay que añadir también que las compañías americanas inundan el mercado con productos baratos, y el crecimiento de Europa podría ser incluso más lento.
Según mis amigos herejes, una razón por la que un dólar en declive no funde los déficits de la cuenta corriente y del comercio, tiene que ver con el petróleo y otras materias primas. Desde que estas mercancías están valoradas en dólares, los productores suben los precios para compensar las pérdidas en poder adquisitivo, debido a que el dólar es más débil. Esto puede verse claramente en el caso del petróleo.
Antes de la caída del dólar, un barril de petróleo costaba unos $24. Hoy, el petróleo cuesta casi $50 el barril. Si la demanda de Estados Unidos de petróleo permanece constante, tanto como dos veces dejará de pagar dólares. Más que fijar el déficit, un dólar más bajo los aumenta.
Pero eso no es todo. Hoy, casi cualquier producto tiene al menos algún componente global en él. La mitad del comercio está ahora en los productos intermedios y mucho de lo que tiene lugar entre diferentes divisiones o unidades de la misma compañía multinacional. Así que si un fabricante de aviones vende una flota de jets a una compañía aérea europea, una gran cifra entra en la columna de exportaciones de las cuentas nacionales.
Una mirada más detallada a ese libro mayor revela, sin embargo, que junto con ese crédito varios débitos bastante grandes también se anotarán, debido al modo en que el mundo hace negocios ahora.
Una flota de aviones fabricados en América con destino a Europa puede que tenga motores de Gran Bretaña, fuselajes de Japón, componentes para las alas de España y tecnología de Canadá. El coste de esos artículos se resta del valor de la exportación total.
Y lo que es peor, si el dólar cae, el coste de los componentes importados de cada avión, con toda probabilidad subirá, obligando al fabricante a subir los precios o a tener menos beneficios. Por supuesto, el fabricante americano podría usar su fuerza para obligar a los proveedores a mantener sus precios bajo control, lo que podría dañarles. O el fabricante americano podría construir sus aviones con el 100 por cien de partes hechas en América, y por lo tanto perjudicando a la industria de la aviación mundial de otra manera.
Los economistas puede que sean listos, pero las compañías con frecuencia lo son más. Porque las monedas tienen altibajos de valor, muchas de las compañías se cubran de sus riesgos monetarios con futuros y otro tipo de productos.
La decisión de Washington de permitir que el dólar ‘busque su propio nivel’ debería estar merece la pena ahora mismo con un déficit comercial más pequeño. Pero si los últimos 18 meses son un indicador, puede que tengamos que esperar bastante más.
Desde mi perspectiva de hereje, el problema de la balanza comercial se ha hecho tan resistente a la vieja medicina como la bacteria staphilococcus se ha hecho resistente a la penicilina. Los encargados de la política necesitan reconocer que una definición de locura económica es repetir la misma cosa una y otra vez, mientras se esperan resultados diferentes.
Joel Kurtzman, antiguo editor de Harvard Business Review, es socio de PricewaterhouseCoopers en Estados Unidos y director de EBF.
Fuente: EBF European Business Forum
www.ebfonline.com
Traducción: todomba.com