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EL BENEFICIO INSUFICIENTE DE LA GLOBALIZACIÓN. Albert Alay (23.02.04) PDF Imprimir Enviar a un amigo
jueves, 15 de abril de 2004
En apariencia la globalización debería resolver los males de la humanidad, las diferencias entre países ricos y países pobres, las diferencias entre nacionales ricos y nacionales pobres, pero en contra de los que se pretende se acrecientan ambas diferencias. Estamos inmersos en un torbellino de actuaciones contradictorias que en lugar de resolver esta situación, la agraban. Es muy cierto que los países ricos han estado explotando durante siglos a los países pobres (antes a través del colonialismo y luego a través del impacto capitalista) pero el problema actual es que la justicia que debe implantarse para compensarles por los daños causados no es suficiente. Y no lo es por mucho que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional intervengan o que los estados más ricos condonen la deuda de los países deudores. Es una vorágine de actuaciones inconexas que inexorablemente conducen a un desastre todavía mayor. Por una razón muy simple; con el colonialismo la fuerza de la primera potencia mundial, Gran Bretaña, era cincuenta veces superior a la del mayor de los países bajo su tutela colonial y por tanto no se podían librar de la situación más que a costa de grandes pérdidas humanas, pero podían hacer algo. Hoy no, pues la situación es distinta; Estados Unidos tiene mil veces más fuerza que cualquier país y el factor hombre o población no cuenta al lado del extraordinario poder tecnológico que ha creado el sistema. Hoy Estados Unidos podría arrasar el Planeta Tierra y quedarse solo; antes no lo podía hacer Gran Bretaña.

Por otro lado estamos inmersos en la suposición falsa de que en las sociedades modernas estamos mucho mejor que antes. No tenemos en cuenta que existe una "under class" de ciudadanos en todos los países industriales que son la base de la prosperidad de los grupos de presión económica. Son la obra barata que necesitan para así acumular más capital y por eso dichos grupos de presión, o corporaciones, no se oponen nunca a los fenómenos inmigratorios pues a fin de cuentas cada vez salen más beneficiados.

Para concretar, la verdad es que tanto en el balance de países ricos y países pobres como en el balance entre hombre rico hombre pobre, hay una diferencia muy grande según sea el sistema meramente colonial o esencialmente capitalista. En el sistema colonial, el de la fuerza, la prosperidad y el aumento de poder de los países colonizadores con respecto a la de los países colonizados se genera a velocidad constante y se consolida mediante la inercia (velocidad constante). En el sistema capitalista mundial la concentración de capital de los países y de los indivíduos no se produce mediante la velocidad pues al no haber un freno suficiente dicha velocidad se transforma en aceleración, y la aceleración sin freno tiende a una velocidad infinita. De ahí que siguiendo las políticas actuales la diferencia entre países ricos y pobres y entre indivíduos ricos y pobres se agrande tendiendo al infinito. Eso en todos los órdenes. Antes, un señor feudal con cien labradores era doblemente rico que uno con cincuenta. Hoy, eso ya no es así; un empresario con cien trabajadores puede ser treinta veces más fuerte que el que tiene sólo cincuenta. Antes, un señor feudal con diez escuderos podía liquidar a otro que tuviera el el triple pero poco más. Hoy un señor del Pentágono con solo pulsar un botón puede liquidar a cien millones de personas. Ha habido un crecimiento exponencial en la riqueza y en la fuerza de quienes la manejan, y sucede que en los incrementos exponenciales que se producen por causa de la aceleración los ricos y poderosos alcanzan niveles inimaginables con respecto a los pobres y débiles. Partiendo de 100, en una determinada etapa de crecimiento llega a 10.000 mientras que quién parte de 3 llega sólo a 9. La diferencia se ha acrecentado tanto porque los incrementos no han sido lineales o en progresión aritmética sino exponenciales.

De todo eso se infiere que, de seguir con el sistema capitalista, la globalización ha de conducir necesariamente al caos porque, no nos engañemos, los países que tienen el poder no renunciarán a su ventaja comparativa en favor de los países sometidos al torbellino del capitalismo. A nivel individual tampoco el rico renunciará ni a su situación inicial ni al sistema que le permite incrementar su riqueza inicial en favor del más pobre. Por eso países ricos siguen y seguirán explotando a los países pobres, y hombres ricos siguen y seguirán explotando a los empleados, porque el fundamento del progreso en un sistema capitalista obedece a la concentración del capital y ésta sólo es posible mediante la explotación. Los países quieren aumentar su poder sobre los demás y los capitalistas sus beneficios. Hay que darse cuenta de la realidad y ver que los países se rigen en función del poder y no de proclamas humanitarias y los indivíduos se rigen por el principio de aumentar sus caudales particulares y no por la moral.

De todo eso se infiere que el mundo no tiene soluciones justas y que en la búsqueda de las mismas puede estallar en una gran revolución global o quedar consolidada una asfixiante pirámide de poder. Lo primero es, hoy por hoy, una quimera; los segundo es más posible y ya se está produciendo. Para darnos cuenta veamos solamente tres de los ejes de la política mundial:

Deslocalización productiva

Los grandes grupos financieros o corporaciones (y por ende todo capitalista) deslocalizan sus producciones y servicios a países poco desarrollados porque los salarios son más baratos lo que les permite apropiarse de su futuro mercado interno mientras vende a los países industrializados a mejores precios pero con más beneficios. No hay vuelta de hoja; es la competitividad. Se afirma que de este modo se favorece al país pobre y se evita que sus habitantes tengan que emigrar. Es una falacia puesto que en los países industrializados la máquina ha desplazado ya al obrero y en los países pobres sucederá en el futuro, con lo cual sucesivas deslocalizaciones y reconversiones permitirán incrementar todavía más los beneficios de la empresa matriz.

Inmigración

A pesar de que con las deslocalizaciones se pretende que la gente no se vea obligada a emigrar, lo cierto es que las corporaciones y grupos financieros secan todavía más beneficios si además de deslocalizar, hay una fuerte inmigración que repercuta en el precio de la mano de obra propia y facilite en su beneficio el sector servicios. Claro, en cualquier país pobre cuando una empresa de país rico instala una factoría, son miles y miles de ciudadanos pobres del mismo que presumen que en Occidente todo el mundo consume lo que fabrican allí y exclaman ¡Qué bien viven allí! E intentan emigrar con las consecuencias que todos conocemos.

Pero esta inmigración causa problemas de toda índole en los países receptores. Se crean guetos e inseguridad pues han de hacerse con aquello que de momento no pueden conseguir con un trabajo mal pagado. No pueden vivir una vida digna hasta pasados muchos años pues están en inferioridad de condiciones con los nativos y engrosan el colectivo del "under class".

Nadie objeta la inmigración si no quiere ser mal visto y tratado de xenófobo y racista, pero nadie es mal visto por ganar dinero a costa de su precario trabajo. Hay ONG"s que les asisten para hacer su vida más llevadera pero con eso (que se hace de buena fe, no lo niego) se contribuye a facilitar una nueva inmigración pues no hay efecto disuasorio. Las muertes en las pateras no son suficiente.

Y lo más grave es el daño que se causa a los países de procedencia de la inmigración. Si bien pueden beneficiarse de las remesas de dinero de los propios inmigrantes, este dinero no resuelve apenas nada, y lo que es más grave; como los inmigrantes son los más fuertes físicamente, los más audaces, los más atrevidos y los que más aspiraciones tenían, aquellos países se ven privados de lo más eficaz de su población para entrar en la dinámica de la iniciativa y la competitividad.

Efecto llamada por TV

Además del efecto llamada producido por las remesas de dinero a sus famílias hay efecto llamada porque sus familiares aspiran a seguir sus pasos en busca de una supuesta vida mejor. He señalado ya el efecto llamada de las propias inversiones hechas en sus países de orígen por los empresarios de los países ricos, pero hay otro efecto llamada; los medios de comunicación. La alta tecnología es un factor más de crecimiento de las economías fuertes y ello supone que se les vendan televisores obsoletos para ganar dinero y amortizar las industrias que los fabrican con las consecuencia de que con el aumento de programas y de información aquellas gentes crean que en Occidente se atan los perros con longanizas.

Eso tampoco se puede evitar, puesto que las informaciones y programas se venden para que los ricos ganen dinero y se hagan más ricos. Es el ciclo infernal de la competividad.

¿Soluciones?

No puedo imaginar que los ricos desistan de ganar más dinero aunque sea a costa de la explotación de los países pobres y por consiguiente seguirán deslocalizando y permitiendo o incitando a la inmigración masiva con los "efectos llamada". Los gobiernos de los países capitalistas seguirán legislando y administrando como hasta ahora, permitiendo este sin sentido. Al fin y al cabo la política está en manos de los grandes grupos de presión y por lo tanto se hace la política que corresponde al capitalismo. Y, por añadidura, los gobernantes subvencionarán a las ONG"s para que la buena gente puede lavar su conciencia.

Un problema que acecha al planeta es que los recursos naturales (entre ellos los energéticos) son limitados. Sin consecuencias graves por el momento, pero desastrosas de cara al futuro. Porque la hipocresía de nuestras sociedades nos lleva a ocultar que ahora en nuestro planeta hay mil millones de personas que consumen y cinco mil millones que apenas consumen. Decimos que queremos que los países pobres accedan a nuestro bienestar pero ocultamos la realidad de que tales recursos no van a ser suficientes para seis mil millones de personas. Y como nadie, absolutamente nadie, prescindirá de sus automóviles, de sus aparatos de aire acondicionado, y de cuantos artículos consume occidente y que no son de necesidad, el problema está servido. Ni gobernantes ni gobernados privilegiados prescindirán de nada y por consiguiente el problema no tiene solución por mucho que los ecologistas hablen (de buena fe) de la sostenibilidad y los políticos defiendan (cínicamente) de competitividad.

Albert Alay
http://www.alay.com
 
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