Es cierto que dicha definición permite fotografiar un empleado con talento, la realidad de cada una de esas características nos identificara el grado de potencial de dicho talento o si la persona en cuestión bordea el límite de sus posibilidades. Igualmente, si me aceptan esta definición, comprobaran que en determinadas empresas, se contratan personas con un potencial o un talento importante, o al menos eso le ha vendido el responsable de la selección, y que sin embargo, los resultados no son los esperados para la organización. Ante esta tesitura se suelen percibir dos situaciones bastantes habituales, la empresa se siente defraudada por el empleado creando un ambiente de frustración profesional con incidencia para el clima laboral o también puede ocurrir, que es el propio trabajador “asfixiado” por su incapacidad para desarrollar su talento, alberga la esperanza o consigue abandonar la organización. ¿Donde residen las causas de estas circunstancias tan perjudiciales para las empresas?, desafortunadamente son tan frecuentes que podríamos hacer toda una tesis doctoral al respecto, pero en resumen, y tras conocer un número significativo de casos, la casuística principal en cuestión es, que la empresa no está preparada para asumir más nivel de talento del que posee.
Quizás por un control malentendido y mal gestionado, quizás por estilos de dirección inadecuados, tal vez por poseer la empresa directivos que ven peligrar sus puestos cuando el nivel de talento es superior a las prestaciones de dicho directivo, en definitiva, se observa con claridad que no existe la infraestructura necesaria en la organización que ampare y desarrolle el talento de los empleados. Créanme, este es el verdadero problema, me asusta comprobar cómo empresas pretenden retener talento con dinero, cuando el talento habitualmente da por sentado cual es su precio y conoce perfectamente que siempre resulta barato por sus prestaciones, pero incluso en muchos momentos es capaz de sacrificar lucro a cambio de condiciones que hagan crecer a la persona como profesional, por lo tanto son sin duda otras las variables que determinan la fidelidad del talento a una organización.
Creo que el habitat que propone la empresa para acoger al talento, se muestra como necesario e imprescindible para retener al talento. Dicha infraestructura debe contemplar, en primer lugar unas políticas adecuadas o compatibles con el talento, no todos los talentos son adecuados para todas las empresas y viceversa, un ambiente donde dicho talento pueda canalizar su energía, en ocasiones caótica y excesivamente activa, un espacio donde poder generar iniciativas que en ocasiones los directivos o empresarios califican de locura, medios suficientes para intentar conseguir objetivos previstos o no previstos a través del caudal innovador que habitualmente acompaña al talento, permitir que este se equivoque para que aprenda con mayor celeridad, esto de nuevo aumentará el nivel de innovación y conocimiento en la organización anfitriona, que el control que se ejerza, aclare perfectamente que mide la organización en cuanto a resultados, no solo cuantitativos sino cualitativos, y creo que algo importante es que “las llamadas al orden” que se pueda realizar a los empleados por no conseguir objetivos deben dirigirse al orgullo del talento, es lo que mejores resultados generara para la empresa. Por último, el talento necesita sentirse valorado y alentado en sus actuaciones, pero esto no significa que debemos pasar al extremo de convertirlo en imprescindible dentro de la organización (surgen problemas muy importantes en las empresas que comenten este error).
Seguro que me dejo circunstancias necesarias para acoger con eficacia al talento, pero creo que las descritas son las primordiales y más complicadas de encontrar en muchas empresas, de todas formas, piensen que el talento por sí mismo no es nada sin una organización que sea capaz de albergar un ambiente acorde a sus necesidades. Compruebo con excesiva frecuencia compañías que fichan personal con un nivel de talento impresionante y que estas incorporaciones no genera ningún valor añadido para esta, y es que en realidad, permítanme el símil, es como comprar un coche de 500.000 euros para meterlo y sacarlo del garaje una vez al año, quedan muchas prestaciones sin utilizar y probablemente jamás alcanzaremos a comprender como esa máquina posee ese precio. El talento necesita de la empresa para mostrarse rentable, igualmente la empresa requiere del talento para ser competitiva. Empresas que no se planteen crear escenarios proclives para el desarrollo, potenciación y valoración del talento, verán con estupor y con un alto coste a todos los niveles, entrar por las puertas personal cualificado y salir corriendo el talento por las ventanas. El talento de los empleados es la fuente del éxito, y en ocasiones, la causa de los problemas de las empresas. Maldito talento, divino tesoro.
Rafael Cera
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